11 feb 2013

Si algo me enseñaron estos 21 años de vida, es que nunca, pero nunca nunca, hay que festejar algo antes.
Siiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiin embargo, me atrevo a festejarlo interiormente.
Estoy a nada, a un pasito, de cumplir el objetivo tan anhelado. Con sacrificio, esfuerzo, humildad y trabajo, todo, todo todo todo todo, se puede conseguir. Todo eh.
Yo no me tenía fe. Apuntaba  a menos, volaba bajito. Pero un día me levanté y me dije: ¿Y qué pasa si me animo a soñar un poquito más lejos?.
Si todo sale bien, mañana o el jueves confirmo esta alegría. Que para ser sincero, hacía mucho no sentía.

8 feb 2013

Das vuelta mi mundo. Rompés esquemas. Desarmás toda mi defensa.
Y con una sola proyección. Con un simple "hola".

7 feb 2013


Hubo una vez un rey que dijo a los sabios de la corte:
- Me estoy fabricando un precioso anillo. He conseguido uno de los mejores diamantes posibles. Quiero guardar oculto dentro del anillo algún mensaje que pueda ayudarme en momentos de desesperación total, y que ayude a mis herederos, y a los herederos de mis herederos, para siempre. Tiene que ser un mensaje pequeño, de manera que quepa debajo del diamante del anillo.
Todos quienes escucharon eran sabios, grandes eruditos; podrían haber escrito grandes tratados, pero darle un mensaje de no más de dos o tres palabras que le pudieran ayudar en momentos de desesperación total...
Pensaron, buscaron en sus libros, pero no podían encontrar nada.
El rey tenía un anciano sirviente que también había sido sirviente de su padre. La madre del rey murió pronto y este sirviente cuidó de él, por tanto, lo trataba como si fuera de la familia. El rey sentía un inmenso respeto por el anciano, de modo que también lo consultó. Y éste le dijo:

-No soy un sabio, ni un erudito, ni un académico, pero conozco el mensaje. Durante mi larga vida en palacio, me he encontrado con todo tipo de gente, y en una ocasión me encontré con un místico. Era invitado de tu padre y yo estuve a su servicio. Cuando se iba, como gesto de agradecimiento, me dio este mensaje –el anciano lo escribió en un diminuto papel, lo dobló y se lo dio al rey-. Pero no lo leas –le dijo- manténlo escondido en el anillo. Abrelo sólo cuando todo lo demás haya fracasado, cuando no encuentres salida a la situación-

Ese momento no tardó en llegar. El país fue invadido y el rey perdió el reino. Estaba huyendo en su caballo para salvar la vida y sus enemigos lo perseguían. Estaba solo y los perseguidores eran numerosos. Llegó a un lugar donde el camino se acababa, no había salida: enfrente había un precipicio y un profundo valle; caer por él sería el fin. Y no podía volver porque el enemigo le cerraba el camino. Ya podía escuchar el trotar de los caballos. No podía seguir hacia delante y no había ningún otro camino...

De repente, se acordó del anillo. Lo abrió, sacó el papel y allí encontró un pequeño mensaje tremendamente valioso:
Simplemente decía “ESTO TAMBIEN PASARA”.

Mientras leía “esto también pasará” sintió que se cernía sobre él un gran silencio. Los enemigos que le perseguían debían haberse perdido en el bosque, o debían haberse equivocado de camino, pero lo cierto es que poco a poco dejó de escuchar el trote de los caballos.

El rey se sentía profundamente agradecido al sirviente y al místico desconocido. Aquellas palabras habían resultado milagrosas. Dobló el papel, volvió a ponerlo en el anillo, reunió a sus ejércitos y reconquistó el reino. Y el día que entraba de nuevo victorioso en la capital hubo una gran celebración con música, bailes... y él se sentía muy orgulloso de sí mismo.

El anciano estaba a su lado en el carro y le dijo:

-Este momento también es adecuado: vuelve a mirar el mensaje.

-¿Qué quieres decir? –preguntó el rey-. Ahora estoy victorioso, la gente celebra mi vuelta, no estoy desesperado, no me encuentro en una situación sin salida.

-Escucha –dijo el anciano-: este mensaje no es sólo para situaciones desesperadas; también es para situaciones placenteras. No es sólo para cuando estás derrotado; también es para cuando te sientes victorioso. No es sólo para cuando eres el último; también es para cuando eres el primero.

El rey abrió el anillo y leyó el mensaje: “Esto también pasará”, y nuevamente sintió la misma paz, el mismo silencio, en medio de la muchedumbre que celebraba y bailaba, pero el orgullo, el ego, había desaparecido. El rey pudo terminar de comprender el mensaje. Se había iluminado.

Entonces el anciano le dijo:

-Recuerda que todo pasa. Ninguna cosa ni ninguna emoción son permanentes. Como el día y la noche, hay momentos de alegría y momentos de tristeza. Acéptalos como parte de la dualidad de la naturaleza porque son la naturaleza misma de las cosas...

6 feb 2013

‎"El día que perdamos la humildad estaremos poniendo un ladrillo para la creación del edificio de nuestro fracaso".

5 feb 2013

Quieren meterte en el Borda o guardarte en un cajón.
Las pirañas de corbata te estrujan el corazón.
Con la mierda en las rodillas es difícil caminar.
Podrán joder el camino, pero no nos detendrán. (hoy no)

Ellos tienen oficinas, yo sólo te tengo a vos.
En verdad, últimamente, no me queda ni tu olor.
Será que extraño tus gritos. Tu locura es mi motor.
Será que extraño esos besos que siempre dicen que: "¡No!


Bondis en Saavedra, birome y bandoneón
...¿será que nunca conocí New York.?
Tu acento de porteña, cuervos alrededor...
y esto está oliendo a Buenos Aires/New York.



Los naipes sobre la mesa, me carteo una ilusión,
grito truco a los recuerdos, falta envido y faltás vos.
Las calles son un pantano, nena sos mi ventiluz.
Sonrió para la foto, luego dijo: "glu, glu, glu..." 


Fuiste mi mejor poesía, fuiste mi mejor canción,
y si el verbo está en pasado no fue por mi decisión.
Será que extraño tus gritos. Tu locura es mi motor.
Será que extraño esos besos que siempre dicen que: "¡No!"

4 feb 2013

Un buen primer día. A no confiarse, y seguir igual. Con humildad, y sacrificio.