En algunas oportunidades, los textos sobran. Mejor, les doy lugar a las palabras sueltas, sin conectores. Dejo que hablen ellas. ¿Para qué me voy a gastar en ordenarlas?
Esfuerzo: Empleo enérgico del vigor o actividad del ánimo para conseguir algo venciendo dificultades.
Asco: Impresión desagradable causada por algo que repugna.
Recuerdos: Memoria que se hace o aviso que se da de algo pasado o de que ya se habló.
Traición: Falta que se comete quebrantando la fidelidad o lealtad que se debe guardar o tener.
Tristeza: Cualidad de triste.
Triste: Afligido, apesadumbrado
Esperanza: Estado del ánimo en el cual se nos presenta como posible lo que deseamos.
Soledad: Pesar y melancolía que se sienten por la ausencia, muerte o pérdida de alguien o de algo.
Fracaso: Malogro, resultado adverso de una empresa o negocio. Caída o ruina de algo con estrépito y rompimiento.
Vano: Inútil, infructuoso o sin efecto.
Esperar: Tener esperanza de conseguir lo que se desea.
Segundo: Que sigue inmediatamente en orden al o a lo primero.
Lágrima: Cada una de las gotas que segrega la glándula lagrimal
Hermosa: Dotado de hermosura. Grandioso, excelente y perfecto en su línea.
Inolvidable: Que no puede olvidarse
Amor: Sentimiento intenso del ser humano que, partiendo de su
propia insuficiencia, necesita y busca el encuentro y unión con otro
ser. Sentimiento hacia otra persona que naturalmente nos
atrae y que, procurando reciprocidad en el deseo de unión, nos completa,
alegra y da energía para convivir, comunicarnos y crear.
¿Y ahora?
Un espacio siempre disponible para verter mis pensamientos, ideologías, sensaciones y sentimientos.
17 ago 2012
9 ago 2012
Recordar me hace feliz
Hay momentos que marcan tu futuro. Hoy, no sé por qué razón, no puedo dejar de recordar este.
El corazón me palpitaba violentamente dentro de mi pecho, al
punto tal que sentía que existía la posibilidad de que huyera a un lugar más
tranquilo de un momento a otro. Las manos me sudaban, denotaban mis nervios. Me
resultaba imposible quedarme quieto; necesitaba moverme constantemente para
descubrir que aún controlaba mi cuerpo, y no él a mí. Me sentía un nene, dando
sus primeros pasos en la vida. No sabía bien que hacer, que decir. Todo lo que
cruzaba por mi mente me parecía insulso. Ella merecía más.
Todavía no sé de donde saqué el valor para enfrentarla y
mirarla a los ojos. Pero las sensaciones fueron únicas. En ese preciso momento, toqué el cielo con las
manos. Me sentí totalmente embriagado de felicidad, de dicha, de alegría.
Realmente valía la pena vivir.
Cerré los ojos y la paz invadió mi cuerpo. No hubiese estado
mal morir en ese instante. Temía que
fuese un sueño (otra vez), y que despertase algunos segundos más tarde, acomodado
en mi cama, mirando las manchas de humedad del techo.
Mis manos se sentían atraídas por su rostro. No podía dejar
de acariciarla. Su piel era tan suave, no lograba despegarme de ella. Realmente
deseaba que el tiempo se detuviera, y que esa fotografía quedara inmortalizada
en mi mente por el resto de mis días.
Tantas veces había imaginado sus labios, pero nunca creí que
fuesen tan perfectos. Eran finos y delicados, con un sabor celestial, único. Me representaban la
pureza, la perfección, la esencia de los dioses. No quería alejarme de ellos,
no quería que ese momento terminase nunca. De repente, creía en la eternidad.
Ella me miró, y sonrío. Supe que había tomado el camino
correcto y que llegaría a buen puerto. La observé detenidamente, y mis ojos se encontraron
con los suyos. Ahora, el que sonreía de manera estúpida era yo. Quería que sepa
que estaba realmente feliz, que ese momento significaba mucho para mí. Acaricié
suavemente su pelo, y la abracé.
Nuestros cuerpos se confundieron en uno, mientras pensaba
cuanto hacía que no daba un abrazo tan sincero, con tanto afecto. La apreté
contra mi pecho, intentando transmitirle seguridad, como si supiera exactamente
todo lo que estaba haciendo. Nos quedamos unos segundos (horas) allí, inertes,
disfrutando de los hechos.
Nos quedamos en silencio, sin pronunciar palabra. Sólo se
escuchaba los latidos de nuestros corazones, aún acelerados, temiendo que alguien nos descubriera. Volví a besarla, pero esta vez dejé que la
pasión me ganara la batalla. La besé fuerte, descargando los meses de
desamores, de tristeza. Necesitaba que todas esas sensaciones abandonaran mi
cuerpo para dar paso a las nuevas, más puras y plenas. No quería quedarme inmerso
en ese oscuro pasado. La luz comenzaba a iluminarme. A iluminarnos.
Minutos más tarde, abandonamos esa sala y bajamos juntos las
escaleras. Debíamos volver al mundo real, reencontrarnos con nuestros
simulacros de vida, con nuestras fachadas. Ya habíamos jugado suficiente esa noche. Pero antes, le di un último beso.
Luego, ella dobló para la derecha. La miré partir, mientras yo viraba hacia la
izquierda, anhelando el momento en el cual volveríamos a vernos.
7 ago 2012
Madrugadas Nítidas
Y de un instante a otro, casi sin querer, un recuerdo
invadió mi mente: las noches más lindas de mis años, las risas, la alegría, su
cuerpo, su piel, su olor. Sus besos. Su mirada.
Tomé el celular y la tentación se presentó ante mí, como la
manzana ante Adán: ``Quiero que vengas a mi casa una de estas noches. Creo que
la podríamos pasar genial´´. No. Adán cedió y perdió su paraíso. Borrar mensaje…
Ya no puedo ni quiero pedirte nada. Me diste demasiado:
felicidad pura, y amor. Ahora te toca pedirme a vos.
Mientras tanto, esas noches que hoy siento tan lejanas,
llenan de melancolía mis madrugadas. Pero una sonrisa se me dibuja en el rostro
con tan sólo cerrar los ojos, y pensarte. Una vez más.
(Ayer no seguí mis
impulsos, mis deseos, mi corazonada, y todo salió bien. Hoy seguí mis impulsos,
mis deseos, mis corazonadas, y todo salió mal. Nota mental: no sigás más a nada
ni a nadie)
6 ago 2012
Soldado que huye... es un cagón
"Sé
que a mucha gente le irritará esta carta, yo mismo la hubiera rechazado
hace años cuando confundía resignarse con aceptar. Resignarse es una
cobardía, es el sentimiento que justifica el abandono de aquello por lo
cual vale la pena luchar, es, de alguna manera, una indignidad. La
aceptación es el respeto por la voluntad de otro, sea éste un ser humano
o el destino mismo. No nace del miedo como la resignación, sino que es
más bien un fruto."
Don Ernestito Sábato
Don Ernestito Sábato
5 ago 2012
La tormenta perfecta
Sé que se avecina una tormenta porque puedo mirar a lo lejos y ver lo
que sucede en el horizonte. Por supuesto, la luz ayuda: es el final del
atardecer que hace más nítido el contorno de las nubes. Veo también el
destello de los relámpagos.
Ni un solo ruido. El viento no está soplando ni más fuerte ni más débil que antes. Me detengo. No hay nada más emocionante o terrorífico que mirar una tormenta que se aproxima. El primer pensamiento que se me ocurre es ir a buscar cobijo, pero eso puede ser peligroso. El cobijo puede ser una especie de trampa, pues de aquí a poco tiempo el viento tal vez tenga fuerza suficiente como para arrancar tejados, derribar árboles, destruir cables de alta tensión.
Recuerdo a un viejo amigo que de niño vivió en Normandía y pudo presenciar el desembarco de las tropas aliadas en la Francia ocupada por los nazis. No he olvidado sus palabras: “Me levanté y el horizonte estaba lleno de barcos de guerra. En la playa, al lado de mi casa, los soldados alemanes contemplaban la misma escena que yo. Pero lo que más me aterrorizaba era el silencio. Un silencio total, que precede a un combate a vida o muerte.”
Ese mismo silencio es el que me rodea ahora. Y poco a poco es sustituido por el murmullo, muy suave, de la brisa de los campos de maíz a mi alrededor. La presión atmosférica está cambiando. La tormenta está cada vez más cerca y el silencio comienza a ser sustituido por el todavía suave rumor de las hojas.
He presenciado muchas tormentas en mi vida. La mayor parte me tomó por sorpresa, por lo que tuve que aprender, y muy rápidamente, a mirar más lejos, a entender que no soy capaz de controlar el tiempo, a practicar el arte de la paciencia y a respetar la furia de la naturaleza. Las cosas no siempre suceden como uno quiere, más vale hacerse la idea.
Hace muchos años, compuse una canción que decía “perdí el miedo a la lluvia, pues la lluvia al volver a la tierra, trae cosas del aire”. Es mejor dominar el miedo. Ser digno de aquello que escribí y entender que, por muy malo que sea el vendaval, en algún momento pasará.
El viento ha aumentado la velocidad. Estoy en un campo abierto, hay árboles en los horizontes que, por lo menos en teoría, atraerán los rayos. Mi piel es impermeable por muy empapada que tenga la ropa. Por lo tanto, más vale disfrutar de esta vista. Aún hay suficiente claridad para que pueda ver el contorno de las nubes con su forma de yunque, como si un herrero estuviese martillando los cielos.
Veo la tormenta que se aproxima. Como cualquier otra tormenta trae consigo destrucción, pero al mismo tiempo moja los campos, y la sabiduría del cielo desciende junto con su lluvia.
Como cualquier otra tormenta, pasará. Cuanto más violenta sea, más rápido lo hará. Gracias a Dios, aprendí a enfrentarme a las tormentas.
(y mucho tiempo después, casi dos años, cuando creí que ya no tenías nada más que enseñarme, me demostrás que estaba equivocado. Me bastó leerte un rato para crecer y aprender. Gracias! Sabés que marcaste mi vida, sos única)
Ni un solo ruido. El viento no está soplando ni más fuerte ni más débil que antes. Me detengo. No hay nada más emocionante o terrorífico que mirar una tormenta que se aproxima. El primer pensamiento que se me ocurre es ir a buscar cobijo, pero eso puede ser peligroso. El cobijo puede ser una especie de trampa, pues de aquí a poco tiempo el viento tal vez tenga fuerza suficiente como para arrancar tejados, derribar árboles, destruir cables de alta tensión.
Recuerdo a un viejo amigo que de niño vivió en Normandía y pudo presenciar el desembarco de las tropas aliadas en la Francia ocupada por los nazis. No he olvidado sus palabras: “Me levanté y el horizonte estaba lleno de barcos de guerra. En la playa, al lado de mi casa, los soldados alemanes contemplaban la misma escena que yo. Pero lo que más me aterrorizaba era el silencio. Un silencio total, que precede a un combate a vida o muerte.”
Ese mismo silencio es el que me rodea ahora. Y poco a poco es sustituido por el murmullo, muy suave, de la brisa de los campos de maíz a mi alrededor. La presión atmosférica está cambiando. La tormenta está cada vez más cerca y el silencio comienza a ser sustituido por el todavía suave rumor de las hojas.
He presenciado muchas tormentas en mi vida. La mayor parte me tomó por sorpresa, por lo que tuve que aprender, y muy rápidamente, a mirar más lejos, a entender que no soy capaz de controlar el tiempo, a practicar el arte de la paciencia y a respetar la furia de la naturaleza. Las cosas no siempre suceden como uno quiere, más vale hacerse la idea.
Hace muchos años, compuse una canción que decía “perdí el miedo a la lluvia, pues la lluvia al volver a la tierra, trae cosas del aire”. Es mejor dominar el miedo. Ser digno de aquello que escribí y entender que, por muy malo que sea el vendaval, en algún momento pasará.
El viento ha aumentado la velocidad. Estoy en un campo abierto, hay árboles en los horizontes que, por lo menos en teoría, atraerán los rayos. Mi piel es impermeable por muy empapada que tenga la ropa. Por lo tanto, más vale disfrutar de esta vista. Aún hay suficiente claridad para que pueda ver el contorno de las nubes con su forma de yunque, como si un herrero estuviese martillando los cielos.
Veo la tormenta que se aproxima. Como cualquier otra tormenta trae consigo destrucción, pero al mismo tiempo moja los campos, y la sabiduría del cielo desciende junto con su lluvia.
Como cualquier otra tormenta, pasará. Cuanto más violenta sea, más rápido lo hará. Gracias a Dios, aprendí a enfrentarme a las tormentas.
(y mucho tiempo después, casi dos años, cuando creí que ya no tenías nada más que enseñarme, me demostrás que estaba equivocado. Me bastó leerte un rato para crecer y aprender. Gracias! Sabés que marcaste mi vida, sos única)
2 ago 2012
Mano en lo bolsillo
Pensando en esos tiempos, esos que hoy por hoy ya no están. Extraño aquellos días de alegrías y de verdad. Con la amargura plantada dije que no aguantaba más; después pensé en esas cosas que te sirven y no las usás. Pero un día de estos ya no pienso y te voy a buscar, con las manos en los bolsillos aunque sé que no sirve de nada. Se incendian los sueños en esta ciudad, no quedan momentos para disfrutar.
1 ago 2012
Perder
Estos son los momentos en los cuales me siento frustrado,
decepcionado de mí mismo, abatido, y con ganas de no hacer más nada de nada, y
que se vaya todo a la mierda.
Me molesta mucho perder, es algo que nunca va a cambiar. Parece
que, aunque me esforcé y me siga esforzando todos los putos entrenamientos, no
voy a poder. El cuerpo no me da más. Me duele todo: rodillas, tobillos, codo.
Pero más me duele el alma.
No quiero más nada, quiero bajar los brazos. Fracasé, tengo que
aceptarlo. Me cuesta muchísimo, no me entra en la cabeza. Pero parece que es
así. Tengo ganas de no enojarme más, de no estar más triste, de no sufrir nada
más. Y eso va a suceder el día que deje todo. El día que las cosas dejen de
importarme.
Me hace falta algo; algo que todavía no encuentro, no
descubro. Pero así, estoy incompleto. Así, no está bueno. Tengo fría el alma. Ya no me voy a esforzar
más: evidentemente, esforzarse es al pedo. Que sea como sea. Total..
``Vengo apostando, todo lo que tengo a un caballo que nunca gana. Voy a tener que dejar este juego, o cambiar de caballo mañana´´.
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